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Aquellos locos años de @RROBA (1ª parte)

Aquellos locos años de @RROBA

Más de uno dirá ahora eso de “yo era retro antes de que fuera guay serlo”. En el caso de la revista @RROBA, no se trata este artículo de una simple reivindicación ni de colgarnos la medalla de pioneros, pero sirva como repaso de unos tiempos memorables donde tuvimos la suerte de poner en papel algunas gotas de nuestra pasión.

Antes del ADSL, y de la RDSI…

No sería la primera revista surgida en torno a ese fenómeno llamado Internet, del que todavía poco se sabía. Y lo poco que se sabía, seguramente no sería muy fiable. Pero @RROBA nació con un propósito distinto de los medios puramente divulgativos que arrancaron para aprovechar la corriente de la llamada “red de redes”. La publicación tenía la misión de contar, difundir y formar en aquella información que ya por aquel entonces era oculta y considerada peligrosa. En realidad, con el tiempo se ha demostrado que lo relacionado con el hack, el crack y los virus no es tal desviación de una supuesta santidad del mundo de la informática y las redes, sino que es una parte indispensable para entender realmente de qué va todo esto de la información.

Pero @RROBA se creó con ese ambicioso y quizás pretencioso objetivo de “mostrar lo que el mundo no quiere que sepas”. En el fondo, la revista empezó siendo un batiburrillo de temas; efectivamente la mayoría reafirmaban el cariz underground que se le quería dar a la publicación, pero solo con el paso del tiempo y un peligroso proceso de ensayo-error se dio con el tono y la temática con el que mejor se recordaría la revista.

Cuando servidor llega a @RROBA, ésta ya lleva varios números en marcha, y ya había colaborado en alguna que otra sección desde su primer número. Y aquí hay que contar alguna historia personal para poner en situación. En plena carrera universitaria, todo el mundo habla de esa cosa llamada Internet, a la que solo algunos privilegiados pueden acceder. Aulas de informática que comienzan a estar conectadas, los primeros cibercafés proporcionan modestas conexiones a precios más o menos discutibles, y todo para crear la primera cuenta de correo personal, teclear www.starwars.com sin equivocarse y hacer otras búsquedas más íntimas y menos confesables. Cuando uno empieza a echar horas en una redacción que, efectivamente, tiene conexión a Internet, ya sea directamente o a través de un proxy -que había que recordar al compañero de turno que encendiera en su máquina para no quedar desamparados-, evidentemente lo aprovecha para buscar, entre encargo y encargo, aquello que le apasiona, “a ver si hay alguna página web de esto”. Un grupo de música, un director de cine gore, una actriz porno de los 80 y, cómo no, ese ordenador o consola de nuestra infancia.

Los orígenes de la información retro

Y sí, había páginas. De esas con el fondo de cielo estrellado, textos en Times New Roman, Gifs animados y músicas en MIDI que la mitad de las veces colgaban el navegador. Uno las guardaba raudo en los marcadores y, si podía, usaba programas estilo Teleport Pro para bajarse al disco duro la página entera y paladear offline, en la medida de lo posible, luego en casa, que por aquel entonces no había conexión familiar. Y así empezaba la reivindicación del espíritu retro que ya algunos teníamos. Eran los tiempos en que te miraban raro si decías que usabas una Super Nintendo, un Amiga o un MSX, que eso era ya el colmo de lo viejo y lo inaudito. Curiosamente, mucha de esa gente que esos días se mofaba de los que no dejamos de lado nuestras máquinas, ha acabado subiéndose al carro de lo retro y gastándose un buen dineral además, con tal de recuperar esos años de infancia y adolescencia. Debe ser que, en algunos casos, la nostalgia funciona con efectos retardados. Quién sabe. La cuestión es que empezaba a haber un movimiento muy saludable en Internet, mezcla de usuarios entusiastas e incansables, fanzines que empezaban a dar el salto del papel a lo digital, y el bendito movimiento de desarrolladores de hard y soft que, aunque con cuentagotas, empezaban a mostrar sus avances en el nuevo medio.

No tardó en calar entre algunos miembros de la redacción de @RROBA la idea de contar ese movimiento de rescate o, mejor dicho, continuación, de lo antiguo. No en vano, el espíritu de la revista era mostrar la información alternativa. Y qué podía haber más alternativo que enseñar las locuras de esos usuarios que desdeñaban lo nuevo y lo flamante, y preferían seguir alimentando sus plataformas, ya abandonadas por sus creadores y por el malvado mercado, que solo mira hacia adelante. No es menos cierto que esta postura arriba descrita es eso, mucha posturita y, afortunadamente, hoy en día hay un ánimo más saludable e integrador, según el cual lo importante es disfrutar de lo que se tiene, ya sea next gen u old gen, y cada vez más se bascula hacia el respeto entre grupos de usuarios, con más o menos desavenencias que se pueden resolver. Pero achacaremos ese postureo a la ingenuidad de los tiempos y de saberse (o mejor dicho, creerse) más alternativos y diferentes por no “seguir la corriente”. Sea como fuere, se empezó a plantear dar cobertura de alguna forma a esos usuarios y esas fuentes de información sobre lo que todavía no se llamaba retroinformática, pero que pronto tomaría tal denominación.

Y es que, entre tecleo y tecleo, había no pocas conversaciones sobre esta o aquella máquina más o menos antigua. Todavía se hablaba esos días de la injusticia sobre el desdén del mundo pecero hacia el Amiga, del que todavía entonces algunos esperábamos un triunfal regreso, demostrando por fin que podría hacer frente al todopoderoso Windows; y se hablaba también sobre el MSX. El caso del estándar japonés es curioso, porque los tres directores de la primera época de @RROBA (antes de que pasara a manos de MC Ediciones) éramos usuarios de MSX, con continuidad o sin ella. Andrés Gómez Miranda tuvo un MSX2 Philips 8250 que todavía conservaba, y Carlos Verdier llegó a publicar sus pinitos en la programación en la revista MSX Extra, y le llegó a casa el dinerito con que la editorial Manhattan Transfer premiaba a los programadores por aquel entonces. Por cierto, el juego puede descargarse en http://msxbasic.blogspot.com.es/2012/07/la-fuga.html. Y el que escribe estas líneas todavía surtía su MSX con programas que obtenía, por ejemplo a través de la página de Hnostar, y procuraba asistir a alguna de esas reuniones de usuarios que se celebraban. Y sí, ya por aquella época era muy pesado con las bondades de esos sistemas que no podía dejar de lado. Había más usuarios, y por ende más plataformas, en los apretados despachos de la redacción de @RROBA, y en ese ambiente se empezó a dar cabida a estos temas en la revista.

 

continuará….

Gaby López
@fiteblog

 

Gaby López (@fiteblog) es, ante todo, usuario de MSX. También ha pasado unos cuantos años en alguna que otra editorial, perdiendo el pelo mientras cerraba ediciones de revistas como @RROBA, La Bola, Mala Impresión, Fangoria, Starlog, Jetix Magazine, Wizard y otras de todo tipo y pelaje. Ha escrito un libro para que las generaciones futuras no cometan (todos) los mismos errores que él si se dedican al tema editorial; últimamente ha dado conferencias sobre el MSX en eventos de videojuegos y hasta le han dejado colaborar en Retromaniac y Metodologic.net. En el colmo de la vanidad, suelta desvaríos en algunos podcasts, como La Hermandad y MSX Extendido. Es bloguerus interruptus, como puede verse en las erráticas publicaciones de www.fiteblog.wordpress.com. Si se lo encuentra, no le pregunte por Las Tres Luces de Glaurung, podría pasarse horas hablando del tema. Ni por Kojima. Por su bien.

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